‘Chocolate champion’, una crónica sobre Chocolate Armenteros

El periodista colombiano Umberto Valverde publicó el siguiente texto en su libro ‘Con la música adentro’, publicado en 2007.

Por: Umberto Valverde

A Chocolate Armenteros lo conocí bien, a través de la intimidad de Humberto Corredor y de la Sonora Matancera. Una vez también lo encontré en el Hotel Caribe, trabajando ahí durante un festival de cine. Tocaba para cinco mesas. Compartí momentos de rumba fuerte en el esplendor de Juanchito, alguna vez discutimos porque Corredor estaba enfermo y me envió a coordinar una súper banda que encabezaba Chocolate y no quería arrancar a tocar sino que estaba “vacilando” con otras cosas. Al otro día, Corredor lo regañó muy duro, a una leyenda. Y lo aceptó en silencio.



Cuando fui a conocer a Guillermo Cabrera Infante a Londres, en las conversaciones por cuatro días sobre música, me dijo una noche tarde: “En la trompeta, Chocolate es el mejor de todos”. Aquí está el reportaje que le hice para mi libro Memoria de la Sonora Matancera, resumen de una tarde completa en Manhattan hablando, hace muchos años. La Sonora Matancera, como me acaba de decir Lida Corredor, está toda muerta.

Nací en Ranchuelo, un pueblo donde se hacía mucho zapato y tabaco. Desde niño siempre me mantenía detrás de todos los músicos de mi pueblo, inclusive mi difunto padre cuando era joven también tocó el trombón. Se llamaba Lázaro Alfredo Armenteros, por él me pusieron Alfredito. Cuando estábamos en la escuela, el maestro preguntó quién estaba interesado en aprender la música y el primero en pararse fui yo. Me gustaban dos instrumentos, la trompeta y el saxofón. Tuve suerte de ser elegido para la trompeta porque parece que esa era precisamente la que tenía que coger porque soy bueno para ella y todo mi recorrido musical lo he hecho con la trompeta.



En mi casa empezamos a ensayar los danzones. Como casas de campo eran grandes, con patio adentro y amplio y las familias eran muy numerosas. Ensayábamos todos los días y así hemos llegado hasta que el polvo nos salió de la cabeza por todos los caminos que hemos recorrido en la vida.

La primera orquesta que integré fue en la provincia de Santa Clara, con los hermanos Brito de Placeta. Y así sucesivamente, eran orquestas de provincia y trabajé con muchas otras. Con una comparsa de Cienfuegos me fui a La Habana y allá gustó, entonces me contrataron para una de las comparsas más antiguas de La Habana, la comparsa de La Jardinera, el barrio donde pertenece La Sonora Matancera. Con ellos estuve dos o tres semanas y regresé a mi pueblo y posteriormente volví a la capital para grabar mi primer disco profesional, eso era en 1949, con René Álvarez y su conjunto Astro. Y de ahí pasé a integrar la orquesta de Arsenio Rodríguez, donde aprendí lo que nunca he olvidado ni olvidaré por todos estos años que llevo fuera de mi país, todos los años que llevo viviendo en Los Estados Unidos, el son cubano, que es lo que trato de tocar y por esa razón soy diferente y distinto, tengo mi propio estilo.



Cuando yo entré con Arsenio, Lili Martínez era el pianista, Lino Frías había salido para La Sonora un tiempo antes, año y medio; Chapottin tocaba trompeta, Carmelo Álvarez, ahora en Venezuela, tocaba la segunda trompeta; Chocolate Quila era el bongosero; Carlos Ramírez, la segunda voz y guitarrista; Lázaro Prieto era el bajista; después entró Miguel Cuni; también estaba Pedro Luis con una voz muy bonita.

Me salí para tocar show con la orquesta de Julio Gutiérrez y estuve en el Tropicana. Viajé entonces a Venezuela en 1950. Permanecí en Maracaibo tres meses. Ahí conocí a Alfredo Sadel, inauguramos una emisora famosa, Ondas del Lago, con el maestro Enrique Manzano.



Con Benny Moré, que en paz descanse, éramos primos segundos. La madre del Benny era prima mía, él se llamaba Bartolomé Maximiliano Moré Armenteros, y aparte de eso fuimos compadres, él fue padrino de mi boda en Cuba y padrino de una hija que yo tengo. Por todo eso cuando supe la noticia de su muerte decidí no oír un disco del Benny por dos años. Me parecía una mentira que hubiera muerto, nos llevábamos tan bien. En Cuba dirigí su orquesta, yo hice la orquesta con él y delegó todo en mí, yo le decía donde íbamos a tocar, y me sentía muy satisfecho porque era mi máximo anhelo. Nos encontramos cuando tocaba con La Sonora Matancera en un programa radial llamado Cascabeles Candado. Yo estaba con Bebo Valdés en RHC Cadena Azul y Rafael Urbidu, el locutor, fue quien lo llamó “El bárbaro del ritmo”. Entonces para acompañar al Benny La Sonora necesitó de otra trompeta y me escogieron a mí y también se agregaron cuatro saxofones. La última vez que vino a Nueva York fue la última vez que lo vi.



Yo estaba con Machito y lo acompañamos. Una noche dejó de trabajar por andar conmigo, porque aparte de ser compadres nos queríamos, había entendimiento y comprensión. No es cierto que hubiera oposición entre Rolando La Serie y él, Rolando era el timbalero. Tampoco es verdad que tuvo problemas políticos en Cuba. Murió de sobredosis hepática, bebía mucho y muchas veces recuerdo que me decía: “Compadre hace tres o cuatro días que no cómo”, se le inflamaba el tubo digestivo.

Después de esta experiencia entré a la CMQ, como músico de planta para tocar en televisión y vine a Los Estados Unidos contratado especialmente por la orquesta de Machito. He tenido oportunidad de tocar con Eddie Palmieri, Charlie Pacheco, Larry Harlow y otra infinidad de orquestas, Ismael Rivera, y en fin, porque aquí en Los Estados Unidos no se puede estar en un solo sitio.



Con La Sonora Matancera empecé a tocar en 1953, cuando Calixto Leicea tuvo problemas con los dientes. En este entra y sale estuve cerca de treinta años. Con ellos viajé a Venezuela, cuando conocimos Caracas y Curazao.

No conocí a Colombia entonces porque Calixto se restableció. Pero sí estuve en varias ciudades como Santa Marta, Medellín y Cali en 1954, para tocar en los clubes campestres, era una gira muy especial. Y luego también regresé en 1963 con la orquesta de Machito.



En 1953 o 1954 grabé un LP con Lucho Bermúdez, cantando Matilde Díaz esos temas tan conocidos como Sal si puedes, Prende la vela, San Fernando. Es una música que me gusta porque se asemeja a la mía, tiene sabor de tierra. Con mi orquesta he grabado seis elepés, el primero con coros de Justo Betancourt y Marcelino Guerra. Y después con Roberto Torres. Hice una producción que se llama, Prefiero el son. Este nuevo grupo de gente con pocas variaciones, es el mismo que usamos para grabar con la SAR , Linda Leyda y Papaíto.

Por las calles de Nueva York hemos hablado con Alfredo Chocolate Armenteros, Chocolate con sus habanos, la sonrisa amplia, sonrisa de negro, con una pinta del carajo, y siempre con vestido entero y chaleco. Recorriendo Manhattan con Humberto Corredor, hemos ido de un lugar a otro, con la grabadora en mano, después de ver cómo tres negros africanos de los tantos que hoy se apasionan con el son, en la casa disquera SAR, se arremolinaban y gritaban entusiasmados: Chocolate champion.



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