Enrique Jorrín: El chachachá no fue derivado del mambo

El famoso músico cubano lo explica en una carta de puño y letra que conserva el cronista Rafael Lam, y ahora lo cuenta en Cartas desde La Habana.

Por Rafael Lam

Sobre el origen del chachachá han surgido muchas discusiones. No obstante, hay que destacar que este género alcanzó una durabilidad mundial y se convirtió en plantilla básica para el rock and roll de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

Un tumbao de 1960, en un arreglo de René Touzet, sobre el chachachá de Rosendo Ruiz, ‘Amarren al loco’ fue la plantilla básica según me explica el musicólogo estadounidense Ned Sublette. ‘Louie Louie’ (The Kingsmen) y la versión de ‘La Bamba’ (Richie Valen), son otras muestra fehacientes.¿Cómo surge el chachachá?

En un documento escrito por el músico cubano Enrique Jorrín -que conservo de puño y letra-, para ser expuesto en un conversatorio en la Asociación de Música de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el maestro precisa que para dar solución a las dificultades del bailador en el montuno del danzón-mambo, comenzó a escribir melodías rítmicamente sencillas, con la menor cantidad de síncopas.

Las melodías del chachachá las construía combinando figuras sencillas, como las blancas, las negras y corcheas en compás de 2/4. En general, la rítmica del chachachá se distingue por su sencillez, posibilitando el baile con mucha mayor facilidad que el danzón-mambo, de ahí su enorme popularidad.

“No se puede tomar al chachachá como derivado del mambo. El baile es completamente distinto, los acentos son otros. Y además, el mambo era instrumental, los cantantes fueron suprimidos desde 1938, los directores tenían temor que los cantantes se marcharan y se perdiera el timbre vocal de la orquesta”, decía Jorrín, considerado el rey del chachachá.

Líneas abajo, añade: “Con el chachachá regreso a lo cantado. Por el año 1945 puse a varios músicos, tres por lo menos, a formar una especie de coro, pues afinábamos mejor. De esta manera disimulábamos que no éramos cantantes profesionales. Y ahí surge una de las características posteriores del chachachá, la interpretación por los propios músicos. A partir de 1953, con la explosión del chachachá, las orquestas típicas vuelven a utilizar a los cantantes”.

Un género y no una modalidad

De otro lado, al analizar la obra de Jorrín, el musicólogo José Loyola expone: “El maestro se separa del danzón, es diferente, hace cambios en el danzón, tiene aportes en el montuno, en la estructura instrumental. Un final más extenso, montuneado con estribillo que relatan historias relacionadas con el título de la obra”.

Para Loyola, antes el piano era sincopado, pero en el chachachá cambia; hay novedades en la base rítmico-armónica. Además, considera cierta complejidad en la tumbadora y el güiro.

“El chachachá es un género en sí mismo y no una modalidad, fue evolucionando en todos sus años de éxito. Jorrín con la América transformó la música. Musicalmente el chachachá lo hizo Jorrín, los bailadores conformaron el pasillo a través del rayado del güiro de Gustavo Tamayo”, sostiene el musicólogo en su libro Los reyes de la salsa.

Foto de portada: Cortesía Cubanos Gurú


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