Ivelisse Rivera: “Ismael era independentista y creía en la libertad de los pueblos”

En la memoria de Ivelisse Rivera, de 75 años, se conservan intactos los recuerdos que vivió al lado de Ismael Rivera, su hermano mayor. Aquí compartimos la amena charla que sostuvo con Salserísimo Perú.

Ivelisse Rivera con sonrisa a flor de piel. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Por: Martín Gómez V.

Benny Moré, Ismael Rivera y Rafael Cortijo se habían ido a Ponce a unos bailes. La cálida gente de la Perla del Sur los había atendido de maravilla. La noche trepaba y ya era hora de regresar a San Juan. Maelo le dice a Benny que es hora de partir. Y Benny le responde que él se queda, que el ambiente estaba bueno.

Maelo le advierte que el problema es que luego no hay transporte de regreso. Pero Benny insiste. “Me quedo, no se preocupen”. Y se quedó.

Ismael y Rafael emprendieron ruta a San Juan, a casi tres horas de distancia. Al día siguiente aparece Benny bajándose de un auto particular. “Chico, salí de Ponce y me puse a caminar por la carretera y levantaba la mano para que alguien me lleve. Al primero que paró le dije que iba para Santurce. Me preguntó que quién era, le respondí que era Benny Moré; y me mandó pal’ carajo”. El Bárbaro del Ritmo le contó a Maelo que así le pasó con un segundo automovilista. Entonces, tuvo que decirle al tercero que solo quería que ir a Santurce y quedarse en silencio. Luego, pedirle, por favor, que tome ruta a la calle Calma, y que iba a visitar a Ismael Rivera. El conductor se volvió loco con eso. Peor cuando se dio cuenta que a quien había ayudado era nada menos que Benny Moré.

Historias como esta son las que nos cuenta Ivelisse Rivera, en la tranquilidad de la casa donde vivió Maelo. Estamos en la calle Calma –ahora llamada Ismael Rivera– y ella desempolva recuerdos que son una fiesta. Tiene tres hijos, cuatro nietos y dos bisnietos. Y está a cargo de la casa que busca convertir en la Fundación Ismael Rivera. Ella quiere que el lugar se convierta en un lugar de recuerdo permanente para su hermano, para el Sonero Mayor.

¿Sus padres siempre pensaron en ponerle el nombre Ismael a su hermano?

(risas)… Nadie me lo había preguntado nunca. Pues sí, mi papá sugirió Guillermo y mi mamá dijo no, que se iba a llamar Ismael. Y eso no pasó solo con Ismael. Yo me llamo Eugenia, pero papi quería que fuera Ivelisse. Mami me inscribió como Eugenia. Pero papá me siguió llamando Ivelisse…(risas).

Y todo el mundo la conoce a usted como Ivelisse.

Sí, así es. Pero cuando firmo debo poner Eugenia. Con Laura, la mamá de Moncho, pasó lo mismo. Laura es Luz Cenaida…(risas). A Tommy sí se le respetó el nombre. Ella se llama Tomasa, pero le decimos Tommy, aunque parece nombre de nene, pero nos encanta.

Ivelisse conversó con Salserísimo Perú por aproximadamente tres horas. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Ismael y doña Margarita tenían una conexión muy especial ¿verdad?

Mamá y Maelo eran como un matrimonio. Eran muy compenetrados. Mami descansaba en Maelo sus preocupaciones. Además, cuando nuestros padres se divorciaron, Ismael se queda como a cargo de la familia. Tenía esa figura para nosotros. Siempre preguntaba si teníamos los uniformes, la leche, la comida. Él nos ayudaba.

A nosotros nos decía: “no le contesten a mami cuando ella se enoje. Siempre déjenme a mí que yo hablo con ella”.

¿Y era muy celoso con ustedes?

(risas)… no nos dejaba bailar boleros. Le decía a mi mamá: cuideme que las chicas no bailen boleros. Ese bolero es un guille. ¡Ah! Y cuando nos enamorábamos, los novios tenían que hablar con él.

¿Qué nos puede contar de la infancia de Ismael?

Él tocaba con las cucharas, también bailaba. Le decía a mamá que quería ser artista. Y mamá le decía: quítate eso de la cabeza.

Hasta que conoció a Rafael Cortijo.

Sí, se conocieron en la escuela. Y Rafael era de un grado mayor que Ismael. Al regresar a casa luego de su primer día de clases, le dice a mamá: “he conocido a un amigo que sabe mucho de música”. Así empiezan a visitarse y nace una gran amistad, incluso llegan a ser compadres.

Rafael Cortijo e Ismael Rivera. Postal que se luce ahora en una de las paredes de la Fundación Ismael Rivera. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Ismael empieza a viajar y llega a Nueva York, ¿qué les contaba a ustedes?

Nos enviaba postales, cartas, yo las tengo. También le enviaba a su esposa. Nos hablaba de lo que sentía cuando cantaba en el Palladium. Se sorprendía de ver a Tito Puente frente a la tarima observando su show. Una vez Tito Rodríguez le dijo no pensé que ibas a quedar también como quedaste.

¿Les hablaba de Celia Cruz?

Una temporada estuvieron de enamorados. Soy consciente de ello. Ella vino a la casa. Era algo bien chévere entre ellos.

¿Cómo vivieron en casa esos años duros de la cárcel?

Él estuvo cuatro años en prisión, en Lexington (Kentucky). Mi mamá sufrió mucho. Un día viajó a verlo. No le importó las escalas que hizo el avión. Cuando llegó le dijeron que la visita era al día siguiente. Ella les dijo: “llevo días viajando, vengo de Puerto Rico. Yo me quedo aquí esperar hasta mañana”. Los custodios, al final, le permitieron ingresar. Mamá nos contó que fue un encuentro muy emotivo, pero también fue triste. No lo pudo tocar. Había un vidrio. Eso le dio mucha pena. No poder tocarlo, ni abrazarlo. Bueno, son cosas que pasan.

¿Cómo fue el recibimiento cuando salió en libertad?

Aquí lo recibimos. Había mucha gente. Se reunieron en el patio, me acuerdo que habían personas en la cocina. Se preparó mariscos. Vino gente de la televisión. Fue un día de mucha algarabía.

Muchos hablan de la sencillez de Maelo.

Sí, es cierto. Ismael era muy de pueblo. Un día podía estar cantando en el mejor hotel y luego estar conversando en la acera con los vecinos. Ismael disfrutaba lo que otros cantaban, en especial de la gente del barrio. Esto era un barrio muy pobre. Aquí Ismael ayudaba a mucha gente.

¿Qué podría hablarnos de esa relación de Ismael con Panamá?

Se identificó con los panameños. Allá conoció la caminata del Cristo Negro de Portobelo. Es que él, de niño, siempre había dicho por qué pintan al Cristo de blanco, por qué no hay uno para nosotros. Allá conoció al Cristo que él quería. Ismael le contó sus problemas y se quitó de todo (del consumo de drogas). Por eso, cargó la cruz por varios años. Esa promesa la hizo en Panamá. Y cada vez que podía, él hablaba de esa experiencia.

¿Ismael les expresaba su opinión sobre Puerto Rico y su relación con los Estados Unidos?

Ismael era independentista. Él no votaba, no creo que él votara. Él creía en la libertad de los pueblos. Es que en eso tenemos que creer. El bregó mucho en Estados Unidos entre las comunidades latinas.

¿Qué opinaba él de los Estados Unidos?

Pues…no se lo voy a decir (risas).

Ismael falleció en esta sala.

Sí, en esa esquina, en una butaca reclinable que él había comprado. Un día la llevamos a arreglar y el tapicero nos dijo que se le perdió. Yo creo que el señor se quedó con la butaca.

Ivelisse y un gran recuerdo junto a su hermano el Sonero Mayor. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

¿Cuántos visitantes al mes llegan a esta casa y cómo se conserva?

Un promedio de 30 a 40 visitantes al mes. Y yo trato de darle mantenimiento. Tengo que agradecer al Museo Contemporáneo de Arte, que me ayudaron con un mural para Ismael. También al abogado Marco Rivera, que era amigo de Ismael y nos conoce. Él nos está apoyando para consolidar de una vez la Fundación, cuyo interés más importante hoy es comprar esta casa.

¿Cuál es la relación con los herederos?

Pues sí, es buena. De todos modos, cuando la Fundación compre la casa, cada uno va querer recibir lo que le toca y hay que dársela. Eso suena raro, pero es así.

¿Usted sabe lo que significa ecuajey?

Claro. ‘Dios te bendiga’. No sé de dónde lo sacó, pero nos dijo que eso significaba. Él cuando llegaba a la casa decía: ecuajey. Y luego, cuando se iba, decía: écua. Así era él.

El año pasado, el cantante Arcángel dijo que él, en la actualidad, es más que Ismael Rivera.

Que es un loco. Se quiso comparar con el más grande pero le quedó chiquito. Es que yo no tengo que decir nada porque ya el pueblo lo ha dicho todo. La gente estaba tan enfogoná. Al final, él quedó muy mal.

 


¿Qué piensas de esta publicación?