La inesperada visita de La Toya Jackson a la tumba de Maelo

La hermana de Michael Jackson le confesó a Ivelisse Rivera que su padre era admirador del Sonero Mayor.

Entrada al cementerio de Villa Palmeras. Allí reposan los restos de Ismael Rivera, Rafael Cortijo, Tommy Olivencia y Pellín Rodríguez. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

“Roberto Roena llegó, pálido, cerca del mediodía y se arrodilló frente a Sammy Ayala y doña Margot, pronunciando tenues palabras de consuelo. En la calla Calma se arremolinaban hermanos, parientes, los hijos del sonero y los rostros compungidos de los cangrejeros”, escribió el periodista Rubén Arrieta para El Nuevo Día, un día después de la muerte de Maelo.

En su nota también menciona que Celia Cruz llamó desde México para comunicar su pésame. “Cheo Feliciano se excusó porque iba de viaje, Ricardo Ray y Bobby Cruz llamaron desde Miami, Pijuán anda por ahí como un loco, Ismael Miranda con un taco en la garganta…”, sigue la crónica de Arrieta.

Ivelisse Rivera nos cuenta que el funeral de Maelo reunió a tanta gente que la misma familia casi no tuvo la tranquilidad para despedirlo. Por eso, ella al día siguiente fue al cementerio de Villa Palmeras para rezarle un Padre Nuestro a su hermano. Al llegar, encontró una montaña de flores y recuerdos que la fanaticada había dejado. Ordenó un poco el lugar y cuando estaba saliendo del camposanto se encontró con La Toya Jackson. ¿Qué hacía la hermana del famoso cantante de pop allí?

Tumba del Sonero Mayor, Ismael Rivera. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Ella le dijo que su papá era muy fanático de Maelo y que, como él no podía venir, le dio el encargo que visite la tumba de Ismael. Aquello sorprendió a Ivelisse. Pero quizás también le hizo comprender que la dimensión del arte de su hermano había llegado a oídos insospechados. Pasaron dos semanas, tres semanas, y la gente siguió visitando el cementerio, lugar donde también reposan los restos de Rafael Cortijo.

El periodista Rubén Arrieta cuenta que Maelo pasó sus últimos años en la más dolorosa crisis, pues la mitad de su vida había terminado, no podía cantar. Así se lo confió a miembros de la familia: si no puedo cantar, estoy medio muerto.

En la publicación de El Nuevo Día, Arrieta menciona que el último sábado de su vida Ismael pudo cantar de nuevo. “Anda, Maelo, a ver si te atreves a cantarme una canción”, le diría su hermana Tommy. “Entonces, a capella, como un cisne que se muere, entonó El Cumbanchero y Mi negrita me espera. Ese fue el último concierto de Maelo, quien desde ayer está en capilla ardiente en el Instituto de Cultura”, refiere la nota de Arrieta publicada dos días después de la muerte del Sonero Mayor, en mayo de 1987.


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