[VIDEO] La Fundación Ismael Rivera como orgullo de Puerto Rico

La casa de Ismael Rivera está abierta al público. Ivelisse, su hermana, es la que atiende el lugar y lo mantiene. Su meta es lograr que allí funcione una Fundación que cuide este patrimonio de la Isla del Encanto.

Desde hace varios años, Ivelisse Rivera mantiene vivo la memorabilia del Sonero Mayor. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Por: Martín Gómez V.

Qué se siente llegar a la calle Calma, ingresar al callejón Concordia y pararse frente a la casa donde vivió Ismael Rivera. Las emociones pueden ser muchas. El salsero y admirador de Maelo que ha visitado este lugar debe haber vivido ese momento a su modo. La voz del Brujo de Borinquen quizás ha acompañado en silencio ese encuentro. Es que son tantas las maneras y formas de evocar a Maelo.

Es un martes de marzo de 2017. Ivelisse Rivera, vía whatsapp, nos confirma que llegará a las 11 de la mañana “y un poquito”. Ella vive en Carolina y en su camioneta serán poco más de 15 minutos. En las afueras de la casa una gallinita pasea por el patio. Antonio Álvarez lo registra todo en su lente. Yo recuerdo ‘Mi jaragual’, aquella canción en la que Ismael decía que se sentía el Rey Maelo. La temperatura ha subido. Por eso, Daniel Álvarez se ha ido a comprar un refresco bien frío (que no encontrará).

Minutos después la camioneta de Ivelisse llega al callejón y se estaciona frente a la puerta de la casa. Abrazo, saludos y respeto. Ivelisse es muy sencilla para hablar y nos dice: “ustedes, me han hecho apurar”. Toma las llaves y nos abre la puerta de la casa, custodiada por un candado de acero. El ambiente es un primer piso. Las paredes están llenas de cuadros, recortes periodísticos, fotografías históricas. Hay una placa que radio La Zeta 93 le hizo a Maelo en el primer Día Nacional de la Salsa. También hay una fotografía con la primera formación de Cortijo y su Combo. Ivelisse tiene mucha paciencia para responder cada una de nuestras preguntas. También sonríe con alguna que otra ocurrencia. Su sencillez parece una marca de origen.

Varios objetos e imágenes denotan la inmensa devoción de Maelo por el Cristo Negro de Portobelo.
(Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Anécdotas con los visitantes tiene varias. Pero recuerda una en especial. Un día llegó una señora desde Ponce. “Me dijo que su esposo en estado de desahucio había pintado un cuadro con el rostro de Maelo. Que cada mañana se levantaba y pintaba un poco. Así que un día le pidió que si  se moría, nos trajera el cuadro tal como esté. Oye, el cuadro lo terminó y el señor se murió a los dos o tres días”. Ivelisse nos dice que no ha vuelto a saber de esta señora. Pero que si alguien en Ponce ve este reportaje y la conoce, por favor, que le avise, que ella quiere saludarla, darle un abrazo.

La química con Ivelisse se dio de inmediato. Tanto así que nos ofreció almorzar en su casa de Carolina días después. Y, efectivamente, nos encontramos con ella. Pero esa historia no ocurrió ni en Carolina ni en la calle Calma. Esa historia nos trasladó a Ponce, a la tierra de Héctor Lavoe. (continuará).


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