El sonero boricua que brilló en la delantera del New Swing Sextet

La última edición de Las Leyendas Vivas de la Salsa nos dejó un excelente balance musical, pero también nos regaló un sonero: Orlando Ortiz. Tiene 53 años de edad y aquí exploramos en su historia.

Texto y video: Martín Gómez V.

Orlando se frota las manos y está inquieto por salir a la tarima de La Macarena. Sus colegas del New Swing Sextet bromean con él y le dicen que se calme. Afuera, la gente ya gozó con Sonido 70 y está disfrutando a Fruko y sus Tesos. Por fin, llegó el momento. El cantante está frente a más de 9 mil personas. George Rodríguez y Angel Justiniano llevan el control de la banda. Vibráfono y conga, respectivamente. Y una vida de éxitos que Medellín ya quiere devorar.

Pero volvamos al cantante. ¿Quién es este caballero espigado que con su sonrisa de rumba se mete al pueblo al bolsillo? Es Orlando Ortiz. Y cuando canta los pregones parecen acomodarse como por arte de magia en sus cuerdas vocales. “Es que me fascina cantar, mirar a la gente directamente a los ojos. Intentar que ellos se sientan incluso mejor que nosotros”, es lo que nos dirá luego del concierto. En Medellín lo consiguió. La excelente banda neoyorquina fue su soporte. Y el sonero se divirtió cantando, quizás como lo hacía con sus amigos del barrio en Carolina, Puerto Rico.

Si se trata de anécdotas por contar, Orlando tiene varias. “De niño jugaba con Richie, entrábamos a su casa y revoloteábamos todo. Luego llegaba su papá y salíamos corriendo. Su papá cantaba muy bien y oía que los vecinos hablaban mucho de aquel señor. ¿Sabes quién era? Nada menos que Cheo Feliciano…(risas)”.

Le digo que, precisamente, sentí un timbre y un estilo muy parecido al de Cheo. Orlando, sonríe y dice que Cheo es su ídolo máximo. “De niño lo escuché cantar varias veces ‘El ratón’ en su casa…”. Orlando fue un privilegiado con su vecindario. Por allí, muy cerca también vivía José Nogueras, el famoso compositor y cantante, y el timbalero Edwin Clemente. El cantante repasa su niñez y pubertad, y no puede evitar que lo invada la nostalgia. “¡Uy! eran años de pura alegría. Llevábamos las congas a la playa y nos poníamos a tocar y cantar”.

Aunque, claro, él le dedicaba más tiempo al beisbol. Nos cuenta que jugaba a la pelota con el hijo de Roberto Roena. ¿La música? La música estaba allí, como agazapada esperando por él. Y pasó: llegó la graduación de su escuela y sus compañeros de clase lo propusieron para que cante –ya ellos lo habían oído–. Así, un tembloroso Orlandito tomó el micro y se lanzó con el bolerazo ‘Pronóstico’ –popularizado por Impacto Crea–.  “Y creo que lo hice bien, pues el público se puso de pie. Tenía 11 o 12 años de edad. Luego me pidieron otra canción y, la verdad, no me sabía otra…(risas)”.

Así, entre travesuras, barrio musical y beisbol, Orlando fue creciendo. Nos cuenta que Marvin Santiago lo escuchó un día y lo invitó a sus ensayos. “Recuerdo que me dijo, oye negrito, yo quiero que tú cantes lo mío. Por cosas de la vida y otras inquietudes de mi edad nunca fui a los ensayos que me invitó…”.

En 1986 viajó definitivamente a Estados Unidos. Ya él sabía lo que podía hacer en una tarima. Sin embargo, las oportunidades no se presentaban. Le tocó hacer el servicio militar y allí, en el ejército de los Estados Unidos, coincidió con su compadre Gary Vega. Empezaron a hacer música y allí empieza a colaborar con la banda La Creación, de Kansas. Es decir, mientras estaba sirviendo en el ejército, el hombre se reencontró con la música.

Tiempo después se va a radicar a Nueva York. A una ciudad que no le era desconocida, pues en su infancia también vivió en el sur del Bronx. Es justamente en la Gran Manzana donde ingresa con más fuerza a la suyo: al canto. En el 2005 le da vida a su orquesta Karibe Mambo y empieza a meterse en la escena. Un día, Angel Justiniano lo vio en la tarima. Orlando cuenta que sentía que lo miraba mucho. Hasta que se le acercó y le preguntó si le gustaría cantar para el New Swing, que le había encantado mi energía y mi carisma. Orlando aceptó. “El primer viaje fue ya mismo para Montreal, Canadá. Y no pude ir. Es que todavía no me sabía por completo las canciones. Todo había pasado muy de pronto. A ese viaje fue el maestro Willie Torres como cantante”.

Pasaron las semanas, seguí ensayando. Y un día le tocó. “Nos fuimos a Turquía, hermano. Allí pensé en lo que yo decía de muchachito: un día viajaré por el mundo cantando. Y fíjate que me tocó hacer esto con una banda como el New Swing Sextet, un grupo de leyenda”. El cantante estuvo con la banda hasta el 2012. Luego regresó en el 2014 y se mantiene hasta hoy. Aunque él ahora vive en Florida, siempre trata de ponerse de acuerdo con Angel Justiniano y George Rodríguez para coincidir en los vuelos y sumarse a este colectivo de bravos.

El hombre está feliz por el trato que recibió el New Swing en Medellín. Sabe que dejó al público bien loco. Si la fiesta se armó con el ‘El tiroteo’ o ‘El coquero’, algunos llegamos al cenit con ‘Desvelo de amor’ o la mágica versión de ‘María Cervantes’. Claro, el sexteto calculó muy bien el momento en que soltó ‘Puerto Rico esto es para ti’. Y La Macarena entró en trance. Cada uno de los músicos estrictamente ordenados en los compases. Y el sonero como pez en el agua. No estaba en las playas de Carolina, estaba en ‘Medallo’. Y gozó e hizo gozar a su gente. Don Víctor Horacio y doña Rosa Cruz, sus padres, estarían orgullosos. También sus tíos que de niño lo alentaban a cantar en las fiestas de la familia. Hoy esta emoción la comparte con su esposa y sus cuatro hijos. Antes de terminar la charla, dice que apuntemos sus deseos de regresar a Colombia. Y que si le toca el Perú, está listo para gritar chimpúm Callao. Así sea.

Integrantes de New Swing Sextet

George Rodríguez, vibráfono y vocal

Angel Justiniano,  conga y vocal

Jimmy Figueroa, timbal y vocal

Hector Ortiz, bongó

Conal Fowkes, piano

Harry Justiniano, bajo y vocal

Orlando Ortíz, líder vocal

 


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