“A Héctor nunca se le subieron los humos a la cabeza” [VIDEO]

Priscila Vega, la hermana de Héctor Lavoe, concedió una entrevista a Salserísimo Perú en su casa de la urbanización Santa Clara, en Ponce.

Héctor Lavoe y Priscila Vega son hermanos por parte de madre. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Texto: Martín Gómez V.  / Fotos: Antonio Alvarez F. / Video: Daniel Alvarez F.


Héctor llegó a Nueva York en 1963, poco antes de cumplir 17 años de edad. Priscila, su hermana, recuerda cada detalle de aquel momento. Ella lo fue a recoger al aeropuerto y luego lo trasladó a su casa, a un edificio ubicado en la 1117 de Bryant Avenue, en el Bronx.

“Al ingresar a la casa, lo primero que él hizo fue quitarse los zapatos y subir a la azotea para mirar la ciudad”. Frente a los ojos de Héctor se abría un barrio nuevo, un lugar que luego le abriría las puertas de la música, de la fama. De esa fama que quizás, en ese momento, él jamás imaginó. Pero que luego también se convertiría en su talón de Aquiles.

Entonces ¿su papá nunca quiso que él viajara?

Es que otro hermano, el que me seguía a mí, tuvo un accidente en Nueva York. Por eso, mi papá nunca quiso que Héctor viaje a Nueva York. Él temía que a Héctor le vaya mal.

¿Y usted lo conversó con Héctor?

Cuando yo viaje a Puerto Rico, llevando el cuerpo de mi hermano fallecido, Héctor me dice: yo me quiero ir a Nueva York contigo. Yo le dije que si él quería, pues que lo haga.

¿Él ya cantaba?

Sí, claro. Pero en Puerto Rico no tenía muchas oportunidades. Es que nadie es rey en su pueblo.

Héctor está presente en cada rincón de la casa de Priscila. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

¿Qué pasó cuando él llegó a Nueva York? ¿usted frecuentaba espacios de música como para presentarle a artistas?

No, yo no conocía ese círculo de gente. Siempre me gustó la música y también bailar, pero en ese momento lo que oía era música de guitarritas y esas cosas…(risas).

Entonces todo empieza con Roberto García, con su amigo de infancia.

Así es. Ellos se encontraron allá. Roberto estaba tocando en un combito y le dice: Mira, Héctor, anímate a ensayar con mi grupo. Capaz nos sale algo. Y así empezaron a ensayar en la sala de mi casa, en la 1117 de Bryant Avenue. Ese fue el inicio y poco a poco se fue dando a conocer.

Hasta que llegó su momento con la New Yorkers

Sí, yo estaba el día que lo invitaron a cantar en esa orquesta. Eso fue en un club, en Brooklyn. Carlos (Dávila) que integraba la banda nos conocía porque vivió en Machuelito. Ese día Héctor cantó ‘Plazos Traicioneros’. Y de allí Carlos se lo llevó.

Luego vendría lo de ‘Mi china me botó’

Los nombres de las canciones no las recuerdo mucho. Pero sí empezó a cantar con la New Yorkers y allí grabó su primer disco. Después trabajó con Kako (Bastar). Y ya luego vino lo de Willie Colón. Allí empezó su fama.

Pero cuénteme qué hacía Héctor, por ejemplo, por las mañanas. Imagino que antes de Fania tuvo que ganarse la vida de muchas maneras.

Él trató de trabajar en varias cosas, pero la verdad es que no nació para eso. Creo que no era un obrero, aunque trató… (risas). Una vez empezó a trabajar en un sitio donde fabricaban sillas. Al tercer día me llamaron porque se había cortado la mano y que lo habían llevado al hospital. Otro día, con un vecino, se puso a pintar la pared del edificio donde vivíamos. Yo salí a la calle y lo veo trepado. Le dije: bájate, flaco, que el viento te va llevar. El asunto es que donde quiera que él iba a trabajar, algo pasaba…

Cómo se portaba Héctor como hermano.

Era bueno. A veces yo no lo veía dos o tres meses, por los compromisos y la vida de artista que él llevaba. Pero siempre había una llamadita, aunque sea para hablar de boberías. Por ejemplo, yo nunca entraba a los bailes de gratis, ni me paraba en la puerta para avisarle. Y yo lo hacía porque quería visitarlo de sorpresa. Cuando él se daba cuenta, me buscaba una mesa, la adornaba con flores. Luego, cada chance que tenía se acercaba, conversábamos. Me atendía a mí, a mis tías, que ya fallecieron, a mi hermana, que también ya murió. Nunca se le subió los humos a la cabeza.

Priscila (izquierda) junto a Héctor en uno de los cuadro que adornan la salsa de su casa de la Unidad Santa Clara, en Ponce. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Recuerda con quién salía Héctor en esos primeros años de Fania y la fama.

Con Ismael Miranda. Es que los dos eran jovencitos. Eran dos nenes gozando. Luego entró a su vida Carmen, la mamá de su primer hijo (José). Y después llegó Puchi (Nilda Pérez).  Puchi llegó a vivir una temporada conmigo hasta que dio a luz al segundo hijo de Héctor (Hector Jr). Puchi fue como una hija para mí. Y yo nunca me pelee con ella. En la película que hicieron han contado muchas falsedades.

Precisamente, las anécdotas buenas de Héctor no se han contado en las películas que se han hecho sobre él. ¿Qué opina, por ejemplo, de la cinta que protagonizó Marc Anthony y Jennifer López?

La que hizo Marc Anthony no fue la vida de Héctor. Cuando Héctor llega a Nueva York no fumaba, ni Marlboro fumaba. Héctor cayó (en las drogas) cuando le llegó la fama, pero de jovencito él no era así. A mí no me gustó.

Marc Anthony o los productores de la película se comunicaron con usted para indagar en la vida de Héctor.

Marc Anthony a mí no me llamó. Y en la película utilizan mi nombre. Por ejemplo, yo nunca en la vida tuve un problema con Puchi. Ella vivió conmigo varios años. Lo que sucedía entre Puchi y Héctor siempre fue cosa de ellos, eran marido y mujer. No era problema mío.

Doña Priscila recuerda con especial cariño a Héctor entonando los boleros ‘Comedia’ y ‘Consejos de oro’. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

¿Para la segunda película -la dirigida por Anthony Felton- la llamaron?

Sí, el vino a mi casa. Me trajo un guión, Claro, luego cambiaron algunas cosas. Pero ya sabemos que hay mucha fantasía en las películas. Todo no es real.

¿Usted frecuenta a Carmen y a José, el primogénito de Héctor?

Sí, tenemos mucha relación con ellos. Cuando Carmen viene a Puerto Rico se queda aquí conmigo. Y yo viajo todos los años a Nueva York para el verano. Allá nos reunimos.

¿Héctor la buscó en sus momentos más complicados?

Yo me mudé a Puerto Rico a fines de 1986. Fue en esa época que a él le ocurren muchas cosas malas y muy seguidas. Y en 1987 sucede aquello del hotel (intento de suicidio). Para esa época yo ya no tenía noticias de él. Cuando la gente se vuelve muy famosa ya no es lo mismo.

¿A qué amigos de Héctor recuerda?

Eddie Montalvo siempre fue su fiel amigo, el mejor. Cuando Héctor muere, yo lo encontraba en su tumba. Y lloraba. Lo quería mucho. También puedo nombrar a José Mangual Jr. A él todavía se le salen las lágrimas cuando me saluda. Me toca las manos y dice que él siente que está tocando a Héctor. Milton Cardona también fue otro gran amigo. Es que a Héctor lo querían mucho.

¿Y Willie Colón?

Con Willie eran hasta compadres. Pero siento que con los otros tenía más relación.

Priscila Vega tuvo el detalle de acompañar a Salserísimo Perú hasta la tumba del ‘Cantante de los cantantes’. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Imagino que le gusta todo el repertorio de Héctor. Pero podría mencionar algunos temas que la conmueven.

Esa de ‘Comedia’ es tan linda. Y ‘Consejo de oro’ también. Son boleros tan bellos.

Hace un tiempo se anunció una visita suya al Perú, país donde Héctor tiene hasta dos bustos.

Sí, hubo una oferta de que íbamos con José y Carmen. Luego dijeron que querían llevar a más gente y al final se canceló todo. Es que las cosas cuando se hacen pequeñas, funcionan. Si la quieres hacer muy grande, se quiebran. Pero sí tengo ganas de conocer Perú.

¿Es consciente del cariño que le tienen a su hermano en el mundo?

Héctor, en verdad, va para 24 años de muerto y todavía lo siguen, especialmente los peruanos. Y, claro, Colombia, Estados Unidos y lugares como Aruba. Una vez yo iba por allá y había un carro que tenía su retrato y su nombre muy grande. En Venezuela también lo quieren mucho.

Si hay alguna escena que recuerda mucho de Héctor ¿cuál sería?

(risas)…pues era una persona que cuando se enfogonaba en su casa, aparecía en la mía, tocaba la puerta a la hora que sea. Y me decía: ‘me vine para acá porque ella (Puchi) está hablando, está peleando conmigo. Entraba y buscaba cualquier cama o a veces se dormía en el sofá. Lo que él quería era pasar la noche tranquilo.

Vea la entrevista completa y la visita a la tumba de Héctor Lavoe:


¿Qué piensas de esta publicación?