‘El Gallo’ Rosendo Díaz: A quien me hizo brujería ya lo perdoné

El excantante de Manolito Simonet -también conocido como ‘El Gallo’- repasó con Salserísimo Perú algunas etapas de su trayectoria, en especial aquel momento difícil que vivió en el año 2000.

El Gallo de la Salsa pegó con Manolito éxitos como ‘El águila’ y ‘La boda de Belén’. (Foto: Antonio Alvarez Ferrando/Salserísimo Perú)

Por: Martín Gómez Valdivieso

A fines de los años 90’, su voz identificó los éxitos de Manolito Simonet y su Trabuco. Rosendo Díaz ‘El Gallo’ era uno de los cantantes de moda en Cuba. Pero en medio del bullicio, las amanecidas y el desenfreno de la fama, algo pasó. Alguien que miraba con celos su apogeo le hizo brujería. ‘El Gallo’ perdió la voz.



El cantante asegura una y otra vez que a él le hicieron brujería. Y está convencido que no fue nadie de la orquesta de Manolito, como se dice en algunas páginas de Internet. Eso no le impide afirmar que en el ambiente de la música cubana existen muchos artistas vinculados a la santería. “Hay bastantes”, sostiene.

El problema lo tuvo a inicios del año 2000, cuando en Lima los temas de Manolito causaban furor y ya había realizado sendas presentaciones en los locales de moda y hasta en la Feria del Hogar. ¿Cómo se curó? La receta, según él, indicaba que debía dejar la santería y convertirse al evangelio. Se volvió cristiano. A ello se sumó un sueño donde recibía las órdenes de hacerse baños de vapor. Él cumplió esa receta. Y, aunque parezca mentira, volvió a hablar, volvió a conversar, volvió a cantar.



¿Quiénes te visitaron en esa época difícil?

En Cuba dicen que cuando tú caes en la mala, todo el mundo te echa tierra con el pico y con la pala. Pero también debo decir que yo no salía mucho, paraba metido en mi casa. Estaba estresado. Pero hubo una acción muy linda de Manolito. Me quiso ir a una gira a Europa y no importara que no cantara. Toma tus medicinas y nos vamos, me dijo.



¿Cómo tomó tu problema la gente?

Hubo gente que se alegró, pero yo ya los perdoné. Al que me hizo ese daño, yo lo abracé y lo perdoné.

Entonces si sabes quién te hizo daño.

Sí, pero yo lo amo con el amor de Cristo.

Se dice que en Cuba ya no cantas en ninguna orquesta y que solo te dedicas a la prédica de la palabra de Dios.



Lo que pasa es cuando tú te conviertes al evangelio, automáticamente el espíritu santo cambia tu forma de hablar, de conducirte. Yo no hablo más que de Jesús. Y hablar de Cristo públicamente en Cuba es difícil. Hay prejuicio con eso. Por ejemplo, un día iba a cantar en el teatro América y cuando el partido comunista se enteró, el espectáculo fue cancelado. La gente empezó a llorar. Yo no tengo nada en contra del gobierno de Cuba, ni en temas políticos. Por eso, hoy no canto con nadie en Cuba. Permaneceré así hasta que me pueda parar en un escenario en La Habana y decir que Jesús es el Señor.

Rosendo Díaz estuvo de paso por Lima para recargar energías, reencontrarse con sus fans y conversar con Salserísimo. (Foto: Antonio Alvarez Ferrando/Salserísimo Perú)



Entonces tu mirada de lo que pasa musicalmente en La Habana también debe ser muy crítica.

No me gusta nada de lo que se está haciendo en Cuba. Porque no hay letras. Por favor, cambien las letras de las canciones. Hay letras bonitas que se pueden hacer. ¿Sabes lo que yo hago en casa? Me pongo a ver el programa de televisión Palmas y Cañas. Me gusta ver a Eliades Ochoa, a los soneros que aún realizan sus trabajos en el oriente y conservan la música tradicional.

¿Qué pasó con esos artistas del boom de los 90’? ¿qué rescatarías de esa época?

Eso fue una onda expansiva, pero que se quedó en Cuba. Y sencillamente porque en Cuba hay un gran potencial de cantantes y compositores. Sin embargo, con los años, se ha descuidado la letra de las canciones. Hay mucha chabacanería.



¿Sientes que la gente se acuerda de tu época con Manolito?

Claro. Lo que se hizo con Manolito fueron temas lindos. Algo muy distinto a las letras faranduleras: que si la chichita la de la esquina o que tú estás loca para un toque de bolas. Eso no trascendió. En eso, Manolito fue muy cuidadoso. Y te digo la verdad, yo era tarimero. A mi me gustaba estar en tarima y meterme a esos coros picantes. Pero Manolito me decía: no lo hagas. Siempre buscó la buena letra. Y yo le doy gracias. Es por eso que yo ahora aún estoy vigente en Perú. La gente aquí aún se acuerda del Águila, Y todavía no, Te dejo libre, Ya para qué…

Hasta los años 80’, en Cuba era difícil aceptarse el término salsa. Sin embargo, eso cambia en los 90’. Incluso, se empieza a editar la revista ‘Salsa Cubana’. ¿A ti te gusta la palabra salsa?

Tú sabes que afines de los años 50’ la música cubana quedó varada por el cambio de sistema. La música se bloqueó. Entonces, los puertorriqueños tomaron la música, la fueron perfeccionando y alguien se le ocurrió ponerle salsa. A mí me gusta la palabra salsa. Pero hay que comprender que a los soneros que estaban en Cuba les chocó. ¿Cómo qué salsa? Es que si tú eres creador de un ritmo y de pronto viene gente que se lo lleva y le pone un nombre comercial…



¿Esa percepción cambió con el tiempo?

Es que pienso que Nueva York y Puerto Rico se hicieron cosas importantes con este género musical. Se empezó a incluir letras románticas, versiones de baladas en salsa. Así nos dimos cuenta que eso fue creciendo y que era casi superior.

¿Recuerdas a los primeros artistas salseros que escuchaste?

Fíjate que cuando estudiaba mi carrera de Termoenergética en La Habana, siempre me daba tiempo en visitar la Escuela Nacional de Arte. Ahí se escuchaba a Rubén Blades, Willie Colón, Fania All Stars. Esa gente siempre los oía. Y yo decía “wow… qué bueno está eso”. Calculo que eso debe haber sido entre 1976 y 1977.



¿Cómo llegaba esa música a la Escuela Nacional de Arte si el comercio entre los Estados Unidos y Cuba estaba bloqueado?

Los músicos que viajaban traían los discos. Además, había emisoras de EE.UU. que lograban meter su señal a Cuba.

El Gallo ya perdonó a quien le hizo brujería. Él sabe quién fue pero prefiere no revelarlo: “El águila no caza mosca”, piensa. (Foto: Antonio Alvarez Ferrando/Salserísimo Perú)



¿Qué artista de los salseros te impactó?

Rubén Blades. Él fue una de mis escuelas. Sus temas me resultaba fácil de interpretarlos. Me fijaba en su modo de improvisar, me aprendía los estribillos.

¿Te consideras sonero?

Mira, yo escuché la historia de Benny Moré. Él preguntaba a fulano tú cómo haces para poner ese agudo, y tú cómo para poner la voz grave. Yo empecé así. No pasé por una escuela de canto. Solo tuve algunas pequeñas nociones. Pero tengo raíces soneras (su papá cantaba). Sin embargo, cuando me inicié en la música bailable, lo que hice fue incorporar aquel de deseo de ser cantante de música romántica con una plataforma rítmica. Ahí nació el estilo mío. Yo me considero salsero.

Ahora entiendo aquel debut de tu carrera con un tema romántico: ‘Después de ti que’

Esa canción la cantaba José Feliciano. Yo lo imitaba cuando estaba en la secundaria básica. Entonces cuando estaba en La Habana me encuentro a Manolito Simonet. Él estaba en un programa de televisión y necesitaba llevar a cuatro soneros a un concurso. Me invitó y me dijo: “compadre hay un programa de televisión donde te van a ver por un año en un concurso”. Fue allí que le dije: “mira, yo tengo un tema de José Feliciano que si lo llevamos a salsa va ser un éxito”. Manolito es un tremendo arreglista. Él agarró el tema y eso fue un éxito.

¿Fue fácil trabajar con Manolito Simonet?

Cuando empezamos en esto, Manolito y yo soñábamos. Nos gustaba lo que hacíamos. Él es muy creativo. A él se le ocurren muchas cosas en el mismo estudio.



¿Tienes un hijo peruano?

¡Oh sí! Marco David. Él nació en el Callao. Nació con un problema en el intestino. El doctor me dijo que no sabía si iba a sobrevivir. Yo me fui, me puse de rodillas. Empecé a orar. A los doce o trece días, desapareció la enfermedad de mi hijo. Él hoy tiene 16 años.

‘El Gallo’ vino a Lima para realizar algunas presentaciones. Su vigencia en Perú sirve para poder llevar ‘divisas’ a Cuba, país donde sí vive alejado de la farándula. La entrevista se realizó en la Plaza Mayor de Lima donde aprovechó en sacarse algunas fotos. Al mediano plazo, desea quedarse a vivir en Perú. “Aquí me quieren mucho. Cada vez que voy a un local la gente me pide fotos, me abraza”. El cantante proyecta la estampa de un salsero en reposo, lejos de aquel concierto que Manolito Simonet dio en los años 90’ en el antiguo Salonazo de Surquillo. Pero está feliz. Y eso es lo más importante.





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