[VIDEO] Maestra Vida: el sentimiento de Rubén Blades en un lienzo humano

En el circuito limeño, Jorge Jáuregui es un personaje recurrente en las exposiciones de cuerpos pintados. Hace unos días, el artista plástico le confesó a Salserísimo Perú su profunda devoción por la obra de Rubén Blades, en especial por Maestra Vida.

Pasión salsa. La música como puente para conectar con otras expresiones artísticas. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Por: Martín Gómez V.

Jorge ‘Koki’ Jáuregui no recuerda si fue en la Navidad de 1980 o 1981 cuando recibió de regalo los dos Lps de Maestra Vida. Lo que sí recuerda es que esa Noche Buena en su casa no se oyó villancicos. La historia de Carmelo, Manuela, Ramiro y Rafael se adueñaron de la sala, de su familia, de su vida. Asegura que él, a su corta edad, se sumergió feliz en la famosa producción de Rubén Blades.

Con el paso de los años, Koki, como le llaman sus amigos, no se apartó de Maestra Vida. El drama de sus personajes siempre le rondó la cabeza. Su esquina de Garzón y Hermilio Valdizán, junto a la patota de su barrio en Jesús María, tuvo sus propios personajes. Allí aprendió mucho de los mayores. Y aprendió a escuchar. Por eso, cada frase de aquella obra del panameño la tiene vigente.

Hoy, en la piel de Karen, Koki le da forma a Maestra Vida desde su aerógrafo y también desde el pincel. Es un artista visual. Ha afinado todos sus sentidos para interpretar a Blades en un cuerpo pintado. “Esto es muy subjetivo”, lo reconoce. Pero, al menos quiere tener la opción de expresarlo. En la epidermis de la chica hay dos colores pronunciados que llaman la atención. Ellos significan la juventud y la vejez, la alegría y la tristeza.

Del vinilo a la piel. Jorge Jauregui es un artista plástico que derrocha su talento en los cuerpos pintados. Aquí su libre interpretación de Maestra Vida, una de las obras más bellas de Rubén Blades. (Foto: Antonio Alvarez F./Salserísimo Perú)

Le pregunto dónde ha ubicado a Ramiro. Koki responde que está en los tobillos y los pies de la modelo. Él nunca miró bien al hijo de Carmelo Da Silva. Hasta hoy no puede entender cómo este personaje pudo olvidarse de su padre. La pintura aquí es más intensa, oscura, tiene intervenciones adicionales punzocortantes. Es que Carmelo no merecía ese trato en la etapa final de su vida. Porque Carmelo pudo ser mi viejo o el tuyo. O acaso es la aproximación de lo que seremos. Y porque a esa condición llegaremos algún día, si es que acaso llegamos.

Cuando Koki habla de Carmelo se le hace un nudo en la garganta. Recuerda a su viejo fallecido. Don Jesús Jáuregui tenía algo de Carmelo. Él quería a su barrio, y su barrio lo quería a él. Era bien criollo. Creció en el jirón Leticia en el centro de Lima. Y desde allí se mudó a Jesús María, llevando consigo su alegría. Se ganó a la gente del nuevo barrio. Koki creció admirándolo, escuchando consejo. A diferencia de Ramiro, jamás hubiera abandonado a su padre.

En la otra acera del disco, Manuela, la que en cada esquina del barrio dejaba pedacitos de ilusión, tiene dos miradas en la piel de la modelo. Por un lado, la sensualidad y la belleza. Por otro, el tiempo que pasa y que no otorga concesiones. Pero mantiene una pureza hasta el final. El aerógrafo de Koki se ha desplegado por delante y por detrás, descubriendo el antes y el después de la musa de Carmelo Da Silva. El todo y nada se abre como filosofía en el artista. Él no cree en la muerte. Piensa que siempre hay algo más. Admira la cosmovisión andina. Y quizás eso le permite blindarse contra el tiempo. Además, aún hay que cuidar a doña Lina, su mamá. Y abrazarla mucho. “Hay que valorar lo que se tiene, no lo que no se tiene”. Eso lo aprendió del disco de Blades.

Koki, el que solo baila con su esposa Roxana porque le lleva bien el paso, tiene 49 años de edad y dos hijos. Fue diseñador en un diario muy importante en Lima. Pero un día dejó eso para intentar buscarle un sentido a sus días. En los cuerpos pintados ha encontrado el mejor lienzo para dejar que su creatividad florezca. Lo de Maestra Vida y Blades era una deuda muy personal. Sea por su pasión por la salsa. O acaso porque Jesús, su querido viejo, se lo estaba pidiendo. La música, como se narra en el disco, es apenas un pretexto.


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