Rubén Blades se lució en Cali

El Poeta de la la Salsa se presentó acompañado de una poderosa big band. Temas como ‘El Cantante’ y ‘Plástico’ fueron los más ovacionados.

Rubén Blades es uno de los ídolos salseros de Cali. (Foto referencial: EFE)

Por: Martín Gómez Valdivieso

Qué importante es la elección del repertorio para un concierto. Pero además definir el orden de las canciones. Ayer a Rubén Blades le funcionó todo a la perfección.



La puesta en escena con una big band ya era el presagio de algo distinto. Curiosamente el recinto no era un teatro ni un lugar cerrado. Toda la magia bladesiana se expuso en el estadio de béisbol de Cali.

Palcos, zona platinum y graderías serían luego de las 10 de la noche una caldera hirviente de sentimientos. Gente sobre las sillas, euforia desatada en cada canción y Blades con el control absoluto de lo que ahí pasaba.



‘Plástico’, ese himno contra la sociedad de consumo, abrió el show. Letra que a veces no sabemos si el cantante se la toma a conciencia. Pero es indudable que el mensaje está vigente y le sobrevivirá a Rubén.

Enseguida ‘Amor y control’, ese mensaje directo a la familia. Colombianos y foráneos con los ojos llorosos. Un cáncer que no se puede curar y una procesión que va por dentro. Solo queda como arma de lucha: un corazón fuerte ante la desgracia.



Apenas dos canciones y el turno de Blades -en una jornada de cinco artistas- parece que se extenderá. ‘Ligia Elena’, la cándida chica de la sociedad, es la siguiente historia. El público baila y canta. Ligia Elena también. El Poeta de la Salsa invita a su trompetista a un solo solidario en nombre de los trompetas del mundo. «Porque eso de racismo, brother, no está en ná».

Y no hay descanso. Unos se refrescan con un Postobón de manzana y muchos más con ron blanco del valle. Blades pregunta si hay gente de barrio presente. La gente grita. Ahora canta ‘Las calles’. Evoca a su barrio San Felipe en el casco viejo de su Panamá. Y yo estoy lejos del Callao, de Collique y otros barrios. Blades dice que allí la vida y la muerte bailan con la cerveza en la mano. Filosofía transversal en Latinoamérica. En los años 70′, Ismael Miranda ya lo advertía con ‘Las esquinas son’. Ahora ‘Las Calles’ es entonada por los hijos de los latinos que sobrevivieron.



‘Arayué’ es una fiesta. Lo mismo que ‘Te están buscando’, ‘Juan Pachanga’ y ‘Sin tu cariño’. Incluso, ‘Todos vuelven’, que se mantiene vigente en su repertorio. El tramo final es con ‘El cantante’. En los últimos años Blades habla abiertamente de su admiración, cariño y respeto por Lavoe. Ahora le canta y lo incluye en sus pregones. Cali lo canta más duro. No hay distingo de edad. Cali es también lavoemaníaca.



No por algo, Héctor vivió alrededor de seis meses en esta tierra. Es el 2018, no existe más el mítico Abuelo Pachanguero, pero aquí tenemos al panameño evocándolo.

‘Maestra vida’ fue el tema de cierre. Genial, pensé. Cada palabra, cada frase que hemos oído mil veces y que, como la vida misma, no nos cansa. Porque lo que allí se dice es la pura verdad. Blades hizo de las suyas en Cali. La gente le pediría luego otra y otra. Él hizo caso. ‘Pedro Navaja’ y ‘Decisiones’ cerrarían el show. Y otra vez pensamos: qué buen repertorio eligió el poeta. Totalmente distinto a lo que ofreció en Lima luego del bloque de Eddie Palmieri.



Después de Blades tocaba el turno de Víctor Manuelle y Willy García. Cómo comprenderán, lo único que quería luego de Blades era tener una cerveza en la mano. Que siga la danza de la vida y la muerte. Aquí estamos los que sobrevivimos.



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