Rubén Carbajal: su golpe de timbal y su fiesta de recuerdos

El timbalero Rubén Carbajal Barreto celebra 50 años de vida artística este 1 de abril en el Jazz Zone. Y será el invitado especial de la orquesta de su hermano Luisito en una jornada que se vislumbra con muchas sorpresas.

Rubén, con diez años de edad, fajándose en el timbal con el grupo de su tío Oswaldo “Mita” Barreto. Fue en una presentación para la televisión. (Foto: Rubén Carbajal)
Rubén, con diez años de edad, fajándose en el timbal con el grupo de su tío Oswaldo “Mita” Barreto. Fue en una presentación para la televisión. (Foto: Rubén Carbajal)

Por: Martín Gómez

En casa daba vueltas imitando al bolerista Lucho Barrios. Su voz alta se confundía con sus juegos en el jirón Cahuide, en La Perla, Callao. También cantaba uno que otro bolero de Panchito Riset. Un día su tío Oswaldo ‘Mita’ Barreto lo sorprende y le pide que cante para él. Al principio renuente, con confianza después, Rubén se animó. Era una clarinada de alerta que otro artista estaba apareciendo en la familia.

Juan Carbajal, su papá lo miraba con discreción chinchana. Mamá Rosa también. Pero él, inquieto, seguía en lo suyo. Su infancia transcurría metiendo goles en su barrio y observando cuanta jarana se armaba en su casa. En el cumpleaños de su abuela podían tocar Pedro Miguel y sus Maracaibos o Los Girasoles de Félix Martínez. Y Rubén allí, empezó a mirar con cariño el timbal. Carlos Chotti, ese gran percusionista que pasara por Papo y su Combo Sabroso y también por el grupo de su tío Mita, se dio cuenta. Le soltó algunos secretos. Esto se toca así, las baquetas deben ir a esta altura.

Junto a sus dos hijos, Coco y Diego, los herederos de su amor por la música y el respeto a la familia. (Foto: Rubén Carbajal)

Rubén, que ahora se alista para celebrar sus 50 años en los escenarios, recuerda todo aquello como una película. “No puedo dejar de evitar la nostalgia”, nos dice mientras destapa y se toma una Pilsen bien heladita. Estamos en un restaurante de Chucuito, en el Callao. Él ha llegado con toda su familia. Tiene dos hijos (Coco y Diego). Los mira y dice sentirse orgulloso de ellos. “Un día hasta hemos tocado juntos en una tarima. Fue lo máximo. Allí sentí que la vida me ha sido generosa”. Le brillan los ojos. Y no está cantando ese bolero que siempre le piden: “Las Cuarenta”.

Sus inicios

La historia de Rubén es amplia. Sus inicios fueron con Mita y su Monte Adentro. Reemplazó nada más y nada menos que a Chotti. Pero era muy niño. Y para las audiciones en los estudios de la disquera MAG le tenían que poner una banqueta especial. El ingeniero de sonido luego de la sesión quedaba maravillado con su toque. “Grabamos los temas “Guasanco” y una versión de “Clave mambo”, original de Tito Puente”, nos dice. Pasó el tiempo y Rubén llegó a la orquesta Hit Parade Latino. Eran tiempos de algarabía rumbera en Lima y Callao. Los músicos tenían mucho trabajo. Y él, a su corta edad, ya estaba en la liga mayor.

Luego vino la etapa de La Progresiva del Callao, orquesta en la que estuvo entre 1980 y 1987. Rubén está en la famosa foto de La Progresiva con Héctor Lavoe del año 1986. Después vino Cadencia y un centenar de noches de ritmo y sabor en los salsódromos de Lima. También ha sido parte de la orquesta La Clave, Somos Música, Willy Rivera y, como no, integró y la agrupación de su hermano menor Luisito Carbajal. En los últimos años animó inagotables tardes salseras en la cebichería El Jibarito, de Bellavista. “El timbal acompaña al cantante, no debe perturbarlo ni pretender sonar más fuerte”, explica con la experiencia que le ha dado los años.

La bella época

Las anécdotas abundan en la memoria de Rubén. Nos habla de Hildemaro y una visita a su casa porque quería conocer el Callao. De su amistad con Willito López, el conguero de la Sonora Ponceña. “Me ha dicho que nos espera en Puerto Rico para conocer la Isla y sus encantos”, señala. También habla de La Máquina del Sabor y de Boris Gómez, el administrador de esa pista de baile. “Un día, al ver que sus mozos no podían con el público, se puso una camisa blanca, corbata michi, tomó una bandeja y se puso a atender. Nosotros desde la tarima nos matábamos de risa. Pero él era así. Tenía buena visión para los negocios. Uno de los mejores promotores que ha tenido la salsa…”.

Rubén está feliz. Los años se han llevado los boleros de Lucho Barrios y Panchito Riset. La nostalgia asoma de vez en cuando y en ese momento el timbalero deja caer algunas lágrimas. “Los años me han hecho más sensible”, agrega. Pero la sonrisa regresa cuando mira a sus dos hijos realizados. Diego toca percusión en la orquesta Camagüey, mientras Coco, en cualquier momento, le dará una sorpresa.

El timbalero ahora se prepara para celebrar sus 50 años de trayectoria. Ha prometido un tema de Orestes Vilató y poner de vuelta y media el Jazz Zone, de Miraflores. A esta altura de la conversa, Rubén nos ha convencido que él es bolero, salsa y mambo. Y que hay timbal para rato.


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