Los últimos bastiones de la salsa en Nueva York

Un lugar de baile bajo los rieles del tren en El Bronx y una casa de música en el Spanish Harlem conservan la identidad de los años 70′. Son lugares donde solo se oye, se habla y se respira salsa.

Por: Antonio Alvarez Ferrando

El Barrio Music Center en el Spanish Harlem

La salsa se resiste a desaparecer en los barrios latinos de Nueva York, aquella cuna que la vio nacer. Eso lo sabe Rogelio Cruz, un coleccionista puertorriqueño que desde hace más de 30 años se asentó en el Spanish Harlem.



Apenas puede, Rogelio visita la tienda El Barrio Music Center en busca de nuevas joyas musicales que le permitan hacer crecer su colección de más de 30 mil discos.

“Siempre vengo aquí, hay muy buenas cosas”, comenta mientras es atendido por Víctor Cuevas y Papo Rodríguez, dos puertorriqueños que hace más de 8 años trabajan en este lugar de culto para melómanos.



En el Barrio Music Center el fanático puede encontrar desde long plays, casetes, instrumentos musicales hasta curiosidades como protectores de cuero para encendedores con la imagen de Frankie Ruiz y un reloj de las Estrellas de Fania.

Si eres amante de la salsa y estás por la zona puedes darte un salto a El Barrio Music Center, ubicado en el 1870 de Lexington Ave, en Nueva York.



El Polvorín del Bronx

Los sábados y domingos, de marzo a noviembre, decenas de latinos tienen una cita fija bajo los rieles del Bronx para disfrutar de la salsa dura que se programa en El Polvorín.



El Polvorín es una actividad que empezó en 2002 y que con música de Dj y una pequeña orquesta anima los fines de semana a gente que llega hasta ese condado de Nueva York.

“Aquí viene el que ame la salsa y quiera pasarla bien”, dice Marilyn, nacida en Bayamón y creadora de esta iniciativa junto con su familia. Fue en 2002 que surgió la idea que tiempo después sería bautizada con ese nombre tan peculiar.



“Nosotros empezamos en 2002 pero pasó un accidente y nos sacaron. El lugar donde estábamos era un polvero y desde entonces le pusimos Polvorín. Donde quiera que nos metemos nos llaman así“, cuenta.

Pero más allá del nombre y de haber sido retirados de hasta tres lugares, El Polvorín se ha convertido para muchos en un centro de diversión con la misma identidad de los barrios latinos donde crecieron, especialmente marcados por el sonido estridente de Palmieri y Willie Colón.



El domingo que Salserísimo visitó El Polvorín era el cumpleaños de Marilyn, cuyo principal ingreso lo genera con la venta de comida a los asistentes. Pero ese día regaló todo lo que había en las ollas. Era día de fiesta, no hay duda.

Ahora llega un nuevo fin de semana y como todos los sábados y domingos, Marilyn deberá estar desde las 8 de la mañana preparando su arroz con gandules, sus guineos, alcapurrias y carne con tostones para los asistentes.



“¿Qué satisfacción nos deja esto? Pues imagínate, uno pasa casi todo el año metido en la casa por el frío y la depresión. Yo solo espero el mes de marzo para armar esto, total a quién no le gusta la salsa, la fiesta y el vacilón”.



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