‘Yo no me llamo Rubén Blades’, según Umberto Valverde

“Blades es un intelectual, un político, un abogado. Y es un afortunado de hacer una película en vida”, opina el escritor. ¿Se animará alguna otra leyenda de la salsa a contar su historia?

(Captura: Documental ‘Yo no me llamo Rubén Blades’)

Por: Umberto Valverde

Muchos grandes músicos salseros se han marchado de este mundo sin dejar testimonio de su vivencia. Sobre otros músicos se escribe demasiado pero mal. El gran Johnny Pacheco se va a ir de esta vida sin tener un excelente biografía del fenómeno que creó, la salsa. Se realizó un documental que no amerita su existencia.



En primer lugar, se debe hablar de biografías autorizadas y no autorizadas. Mi libro “Celia Cruz: Reina Rumba” fue autorizada por la mejor cantante del mundo y además colaboró en su difusión. Se escriben libros, que pueden ser correctos y buenos, sin que el autor haya conocido al protagonista.

A mi me sucedió algo increíble: A Tito Puente le encantaba mi novela sobre Celia Cruz, una vez en Nueva York, en el Teatro Apolo, almorzando con la cantante cubana y con Humberto Corredor, me propuso hacer su biografía.



En un comienzo creí que no era en serio. Después insistió y le respondí que me sentía inhibido porque él pertenecía en gran parte a la cultura americana, más concretamente de Nueva York.

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Ese argumento que casi nunca he conversado con los músicos boricuas que conformaron Fania o cubanos, es el definitivamente destaco en esta película sobre Rubén Blades. Ahora soy un convencido que a pesar que Palmieri diga “yo soy puertorriqueño”, que Blades diga “yo soy panameño”, su vida musical, su acierto, fue posible porque ellos son cruzados, es decir no existe el Blades que conocemos sin Nueva York, por eso el director acierta en una “hacer una cámara subjetiva en las largas caminatas por Manhattan y en la casa de Blades en Chelsea, donde nunca ha dejado entrar a nadie, compartida por su esposa americana.



Existen cinco libros sobre Blades, pero el cantante panameño dice que ha permitido hacer esta película porque “es una manera de hacer su Testamento, para que nadie cuente lo que yo no he dicho, ni lo interprete de otra forma”.



Es un documento de hora y media. El director dice que tiene material para dos películas más, pero la edición es la que hemos visto: una película sencilla, hermosa en muchas escenas, con buen material documental recogido de conciertos cuando Blades era joven.

Blades incorporó a la salsa la poesía y la protesta social. Claro, ya la poesía la tenía con Tite Curet, pero Blades ahonda en otros caminos. Blades es un intelectual, un político, un abogado. Afortunado de hacer una película en vida. Otro ejemplo, le he insistido a Ismael Miranda que haga sus Memorias, bien sea escrita o en cine. Dice que tiene un proyecto cinematográfico. Todo lo que tiene Miranda adentro…

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