Gilberto Santa Rosa regaló una auténtica noche de buena salsa a los peruanos

Bolero, son montuno y boogaloo, al estilo de la vieja guardia, fue lo que el Caballero de la Salsa también les regaló a sus miles de fanáticos en el Multiespacio Costa21, de San Miguel, en Lima.

Miles de personas se dieron cita en el recinto Costa21 para ver el show del Caballero de la Salsa. (Foto: Difusión)

Eran las 21.00 horas y el público ya esperaba ansioso la salida al escenario de la estrella de la noche: Gilberto Santa Rosa. ‘Auténtico’, como se titula su gira, había empapelado la capital con carteles y la expectativa estaba a tope en el Multiespacio Costa21 del distrito limeño de San Miguel.

Los músicos, vestidos de traje, comenzaron a alistarse y 20 minutos después, arrancó el show. Tras una gran introducción de latinjazz, que incluyó un sabroso solo de saxo, el cantante nacido en Santurce, Puerto Rico, pisó el escenario. Camisa celeste, blazer azul, pantalón caqui y zapatos marrones fue el look elegido.

‘La agarro bajando’ es la canción que retumbó el recinto. Santa Rosa, con su voz intacta, soltó una sonrisa, cantó y bailó con el micrófono. Con las luces encendidas en el escenario, distinguimos a sus músicos de amplia trayectoria como Georgie Torres en el trombón, Luis Marín en el piano y Johnny Torres en el bajo. Un cartel de lujo, para un cantante de lujo. Se cierra el tema con un solo de trompeta brutal a cargo de Rebeca Zanbrana. Con este número se pudo terminar el show, pero aquello apenas fue el sustancioso bocado de inicio.

Sonó el clásico ‘Un montón de estrellas’ de Polo Montañez, una canción que con el paso de los años se hace más familiar en la voz de Santa Rosa. Son las 21.31 y propuso ‘Cartas sobre la mesa’. Increíble que tanta gente la cante siendo parte de su último álbum ‘Debut y segunda tanda’.

De la misma manera, se coreó en la costanera ‘Sembrando para ti’, del disco Perspectiva de 1990. Pareciera que solo hay fanáticos del Caballero de la Salsa en el lugar. «Aunque yo viva soñando un manantial, para regar tu sonrisa forestal…», dice la canción. Temazo.

El bolero también se hizo presente durante el show de Gilberto en Lima. (Foto: Difusión)

21.44 y tras cantar ‘Derroche’, Santa Rosa nos traslada a los sesenta a ritmo de boogaloo. Y es inevitable pensar en Pete Rodríguez que se acaba de mudar al otro barrio. Gilbertito da cátedra de canto. ¡Eh! ¡eh! ¡eh! ¡eh!, se escucha acompañado con las palmas. Francamente, lo mejor hasta el momento. El público responde con una ovación cuando todavía no acaba el tema que dice «Vamos a ver si la cosa se arrima…». La mezcla del boogaloo y latinjazz hace que parezca compleja la resolución del número, pero Gilberto hace lo que más sabe, al paso: improvisar. Y sí que la botó. El Caballero demostró que la buena salsa está viva.

Suena la introducción de ‘Conciencia’ y las miles de almas en Costa21 enloquecen. Hay un solo de clarinete que causa envídia. Las mujeres no dejan de gritar. «Me dice el corazón: dale paso al amor que está tocando tu puerta. Pero me grita la conciencia: que no se ponen de acuerdo la conciencia y la razón». Pasó más de media hora de show y la voz de Santa Rosa brilla como en los noventas. Aplausos y más aplausos.

«Gracias por estar aquí. Estoy contento de volver una vez más, al Perú y en especial a Lima. Si la canción que viene se la saben, la cantan. Si no, se la bailan. Y si pueden, se la llevan al corazón. Gracias a (Antonio) Cartagena, Zaperoko y Yahaira Plascencia que también pasaron por acá. Diviértanse», dice Gilberto haciendo una pausa a su show. Y continua con ‘Peligro’. Son las 22.03 horas y queda mucho por delante.

Esta canción nos arrastra a la parte más romántica del concierto. Suena un potpurrí de boleros que incluyen ‘Un amor para la historia’, ‘Mentira’ y ‘La soledad’. Los enamorados se abrazan, se besan y Santa Rosa es cómplice. Las luces están bajas y se prestan al juego.

Los músicos del Caballero de la Salsa dieron una gran presentación en nuestra capital. (Foto: Difusión)

El Caballero de la Salsa compartió una anécdota con Víctor Manuelle y dio paso a ‘Te propongo’. Minutos después rindió homenaje a Tito Rojas e interpretó la canción que grabó con él en Colegas: ‘Por la calle del medio’. Los salseros se emocionaron al escuchar y ver a Tito en la pantalla. Gran homenaje a un amigo y cantante importante de su generación. Terminó el número y todos saludaron la imagen del recordado Gallo. Gerardo Rivas le hizo reverencia.

10.23 y sonó ‘Almas gemelas’. El público cantó y gritó. Y  se cerró el tema con un solo de aerófono. Ufff. Inmediatamente, sin darle tregua a sus músicos, nos obsequió ‘For sale’, de su último disco. El público no dejó de bailar y varios aprovecharon para comprar cerveza. En ese momento me pregunté ¿qué hace que Gilberto se mantenga vigente? Y la respuesta es que no toca únicamente los clásicos que todos se saben, sino que «nos obliga» a aprendernos las nuevas canciones. Más aplausos para el cantante nacido en Santurce.

Siguió esa que dice: «Una caricia una música suave. Sobre tu pelo se duerme la tarde, eres tan bella y tú lo sabes». Sí, ‘Sin voluntad’. Le sigue ‘Malherido’ y continuó con ‘Me volvieron a hablar de ella’.

Tras una hora y media de show sonó ‘Déjate querer’. Entró un solo de timbal de la caleña Lucero Bolaños y luego llamaron a Pete Perignon para que haga lo suyo. Retomó su instrumento por herencia. Demostró que tiene a Rafael Cortijo en la sangre. Gerardo Rivas, que tocó las congas todo el concierto, no se quedó atrás y se lució en la paila. La percusión salió a bailar y se apoderó del escenario. Gilberto aprovechó para hidratarse, mientras el ambiente siguió encendido. Regresó el Caballero y retomó la faena. Todos bailaron. Acabó la canción y eufóricos escuché decir: ¡Qué tremendo! ¡Qué tremendo!

Gilberto le dio el paso a Gerardo para que se sume en la parte vocal e hicieron un show de a dos. Me vino a la cabeza aquella presentación en que su padre, Jerry Rivas, «le soplaba» al oído a Gilberto las canciones del Gran Combo mientras este lo suplía. Hicieron lo suyo y la gente se divirtió. Canto, risa y baile. Realmente fue un show auténtico.

La bomba puertorriqueña dijo presente con el arranque del tema ‘Happy’, de Gerardo Rivas. Gilberto pasó a los coros, muy respetuoso, para que su sobrino tome el escenario. El pase de bastón necesario, suelen decir los especialistas. Toda la orquesta se prestó para el número. Dieron vueltas, bailaron e iban de un lado a otro. Mientras tanto, Gilberto tocó la campana sonriendo y parecía que miraba, desde una esquina, el futuro de la salsa.

Santa Rosa estuvo impecable en su presentación. De los mejores conciertos que ha dado en nuestro país. (Foto: Difusión)

Terminó el número y sonó la introducción de ‘Conteo regresivo’. Gilberto presentó a cada uno de sus músicos y el personal que hizo realidad el show. Ahora sí, terminado el protocolo, todos cantaron. Gilberto cerró su número haciendo reverencia al público, muy a su estilo. Y siguió ‘Amor mío no te vayas’. El público estuvo imparable y nadie quería que aquello se acabe.

Continuó con ‘Vivir si ella’. No hubo un alma que no gritó esa canción. Y Santa Rosa, otra vez, con su voz impecable. Una fanática se acercó a la tarima y le estiró la mano. Por supuesto, Gilberto responde al llamado y le da la mano. El Caballero baila nuevamente con el micrófono y la gente aplaude y grita. Ya nos acercamos a las dos horas.

Cambió el ritmo y sonó ‘Regala’o’. Todos pedían al unísono ‘Perdóname’. Y por fin, llegó ‘Perdoname’. 11.17 de la noche. ¿La última canción? Realizó la misma improvisación del Carneggie Hall, un obligado para Gilbertito en Perú. «Este secreto que tiene conmigo nadie lo sabrá…» dice en uno de los pregones. Van más de 8 minutos de improvisación y no para. 11.35 deja de improvisar para que entre, brevemente, ‘Lo grande que es perdonar’… el tema que cantó con Vico C. Ahora sí, termina ‘Perdoname’. El público lo ovaciona. Es lo justo.

‘Que alguien me diga’ siguió en el repertorio. La gente pidió otra y soltó ‘Que manera de quererte’. Y al fiel estilo de una de sus agrupaciones favoritas, el Gran Combo, Santa Rosa llamó a sus músicos para hacer una coreografía y bailar. Así se cerró el telón tras un show de lujo. Los vientos en el centro hicieron una fusión de salsa, latinjazz y boogaloo. Una vez más, repito, un show auténtico. Me atrevería a decir que hasta irrepetible. 11.45 terminó el concierto y solo me quedó decir: gracias, Gilberto.

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