La celebración interminable de Tony y Mimy Succar
Tony y Mimy Succar armaron su fiesta en el Gran Teatro Nacional. Algunos de los cantantes invitados fueron Jean Rodríguez, Coti Loyola, Karen Rodríguez, Bartola y Gaby Zambrano.

«El día que te descalificaron de los Latin Grammy fue muy doloroso y yo vi de cerca tu inmensa tristeza, hermano. Lo peor es que no sabía cómo ayudarte», le dijo Kenyi a Tony. Luego, subió el tono de su voz y, sin disimular su llanto, añadió: «Pero lo lograste. Mírate dónde estás Tony… y con un Grammy americano». El percusionista esbozó una sonrisa y le agradeció. Para campear la situación bromeó: «Así somos los Succar de llorones».
Esto ocurrió el lunes 10 de febrero durante el tercer concierto que reunió a los Succar con su gente de Perú. El Gran Teatro Nacional se llenó y durante dos horas los vítores y aplausos acompañaron la fiesta titulada ‘Sabor, salsa y fusión’ y producida por DEA Conciertos.
El show empezó a las 8.12 p.m. Una banda disciplinada en lo rítmico y conectada con su líder abrió con un preludio exuberante. Tres trompetas, dos saxofones y dos trombones fueron el respaldo de metales para una propuesta que se paseó por la salsa, el landó, el festejo, el latin pop y la llamada ‘salsa choque’ que es más bien timba cubana con singular aderezo caleño.
Mimy, la guapachosa
Vestida de blanco, Mimy Succar, acompañada por Tony y Kenyi, bajó de unas escaleras decorativas instaladas al centro del escenario y enseguida se entregó a su salsa. Su voz, descubierta para el público masivo en un reality show, parece cultivada en añejo solar limeño. Es rápida de mente y así como canta también baila. ¿Puede haber alguna mujer más feliz que Mimy en este 2025 de sorpresas? Algo más. Le contó al público que su papá está a punto de cumplir 100 años de edad y le rindió homenaje en ‘Sukiyaki’, obra japonesa que sorprendió al mundo a inicios de los años 60’ y que también ha sido versionada por Pablo Villanueva Melcochita. La propuesta de los Succar lució muy íntima. Es asunto de familia, como dirían Los Hermanos Lebrón.

Para todos los gustos
En el show no hubo un maestro de ceremonias. Pero Tony, carismático, también asumió ese papel. Al boricua Jean Rodríguez lo presentó como el cómplice que necesitaba para ponerle voz a su -ahora histórico- tributo a Michael Jackson. Sonó ‘Billie Jean’ y el público celebró. Desde mi rincón esperé ansioso que presenten a Sheila Escovedo. Pero algo me decía “te quedarás con las ganas…” Minutos después el ambiente se volvió muy latin pop. Es normal. Es una de las propuestas de la salsa contemporánea. No se me escarapeló la piel. Tony es ecléctico para proponer lo suyo. Respetable. Igual siguió la fiesta. Y era como si Tony hubiera roto esa triste frase de que un peruano es enemigo de otro peruano. ¡Buen logro de los Succar!
El repertorio de la noche siguió con ‘Será que no me amas’. El cantante nacional Jair Delgado aportó lo suyo y para un público amplio, jamás para el salsero duro. Calma, calma Salserísimo, este bufete musical trae de todo. Coti Loyola nos sacó del letargo. Improvisó a su modo y le puso el picante que hacía falta. El espectáculo ahora se puso de otro color.
El que no tiene de inga tiene de mandinga. Tony tocó el cajón peruano con un profundo respeto. Sea landó o festejo, él lo hace con propiedad. Y si es portador de una licenciatura en Jazz Performance en la Florida International University, también demostró que está graduado -y con honores- de las jaranas familiares. ¡Ahí donde si tocas o cantas mal te lo dicen sin filtro!
Mimy regresó al escenario y anunció a Bartola, quien entró con ‘Toro mata’, recopilación de Caitro Soto de la Colina en su versión original y luego en arreglo salsero. Ovación del público. Y luego Tony descargó en un solo de timbales que arrancó a la gente de su asiento. Muchos rompieron con la norma que prohíbe filmar en el Gran Teatro Nacional. Mimy y Bartola gozaron como eternas comadres. Mimy ya se había cambiado de vestido.
El programa siguió con ‘Amores como el nuestro’. Según Tony dicha pieza es un himno de la salsa. Agregó que desde niño admiró a Sergio George. La voz femenina la puso Karen Rodríguez. Me sorprendió. De padre dominicano y madre peruana, Karen dijo que cultiva sus raíces peruanas En otro momento del concierto pidió respeto a la naturaleza y suplicó que respetemos a Dios. En ‘Vivir lo nuestro’ fue acompañada por Jair Rodríguez.
En el último tramo del concierto hubo una introducción que nos transportó a La Habana. En escena, Coti Loyola y Gaby Zambrano demostraron cómo se toca y se canta un son más pegadito al gusto del melómano exigente. ‘Sentimiento original’ es una pieza de colección que fue grabada por Tony junto a Issac Delgado, Haila y Marc Quiñones. El Gran Teatro Nacional se volvió un crucero de sabor navegando entre olas de aplausos por el mar Caribe y de la Javier Prado.
Del pregón al dicho norteño…
Para el set final regresó Bartola. Sonó Químbara, esa obra escrita por Junior Cepeda y popularizada por Celia Cruz. Mimy y Bartola conectaron otra vez en chispa y sabor. Y eso se acentuó con Bemba Colorá, obra del cubano José Claro Fumero y que fue grabada antes que Celia Cruz por la Reina del Guaguancó, Celeste Mendoza. El público gozó. Es que las guías del número “están de moda”. Polémica aparte con la irreverencia de Bartola, hay que anotar que las improvisaciones utilizadas en este número tienen punto de origen en los dichos del norte peruano. ¿Alguien habrá recordado la peña La Oficina y a la querida Amelia?
AEO llegó como antesala del cierre. El sonido cubanísimo de la timba y que en su variante de salsa choque no deja de ser timba. Esto sí es sabrosura. El público cantó y bailó. Kenyi saltó y se confundió con la gente. Lo abrazaron y se multiplicaron los selfies apurados.
Leave The Door Open y Smooth Criminal también sonaron y, tras la falsa despedida que incluyó un Tony Succar desatado en los timbales, vino ‘Ritmo de mi corazón’, obra de Gianmarco Zignago. En ese momento se sumó Marco Romero. Y así fue el tercer día de celebración de los Succar. Así fue cómo aquel disco -Alma, corazón y salsa- que justamente se gestó en el Gran Teatro Nacional, ahora ya es un hito en la carrera de Tony y Mimy. Mención aparte merece el respeto y saludo a la obra familiar de don Antonio Succar, padre de Tony, quien también fue presentado y abrazado con aplausos. Porque más allá del análisis musical, aquí lo que se resalta es el mensaje inspirador de esta familia que ha logrado lo que no ocurre todos los días. En poco más de cuatro años les cambió la vida. Mientras tanto, seguiré esperando algún concierto con la maestra Sheila E. O acaso que Tony incorpore en su repertorio su versión del bolero ‘Obsesión’, de Pedro Flores, y que incluyó en el álbum ‘El color del tambor’, poco difundido, pero de una calidad, absolutamente, notable.

Foto de portada: FB de Tony Succar.

