Pedro Loyo, una vida entregada a la salsa

El cantante chalaco falleció ayer y deja infinitos recuerdos en el movimiento salsero de Perú. El velorio se realiza en el pasaje Mariano Salazar 267, en Chacaritas, Callao.

Pedro Loyo en una de sus tantas jornadas salseras en Lima (Foto: Salserísimo Perú / Daniel Alvarez)

En 2023, Salserísimo Perú decidió armar la segunda edición de Así se Goza con el repertorio de La Conspiración de Ernie Agosto. De inmediato el pianista Omar Basallo nos recomendó convocar al cantante Pedro Loyo. “Él es quien más se acerca al tono y estilo de Miguelito Quintana. No se van a arrepentir”. Omar dio en el clavo. Aquella noche de Así se Goza tuvo su magia. Y Pedro cantó entre aplausos de su gente.

Por eso, la muerte de Pedro Loyo toca nuestras emociones como la de todos aquellos que a lo largo de su carrera compartieron con él. Ya durante el día los mensajes y las condolencias se han multiplicado con justicia.

Pedro Loyo dejó huella en el Combo Hit Parade Latino de Cucho Gonzáles, en la Orquesta Saragûey de Félix Navarro y en La Fragua de Carlos Orozco. Vivió con algarabía el boom de los salsódromos de los años ochenta. Y en cada una de estas agrupaciones demostró que había nacido para cantar.

En las últimas décadas se mantuvo muy activo y lo vimos con La Chola Caderona. Poco antes de la llegada de la pandemia, solía cantar con la orquesta Kandó en el fenecido restaurant espectáculo El Jibarito de la avenida Faucett. Mientras él utilizaba bastón, su voz se apoyaba en su experiencia.

Cuando en 2018 le tocó viajar con Jaime Flores y Félix Navarro a Bogotá no cabía de contento. En un reducto colombiano interpretó los números que grabó con la orquesta Saragûey. Comprobó con emoción que en la tierra del café le tenían respeto. Pocos meses después repentinamente murió Jaime. Hace unas semanas falleció Félix. Ayer lo hizo Pedro.

El cantante batalló hasta donde pudo con la diabetes. Hace algunos días, en la puerta de su casa se organizó una fiesta solidaria para recaudar fondos y ayudarlo. Pero su corazón no aguantó más y a sus 66 años se cansó de latir. En su barrio de Chacaritas, en el Callao, la congoja es inmensa. Esa tristeza tiene golpe de conga y un pregón de Loyo en el corazón.

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