Richard Zayas y esa pasión salsera que lo persigue
Richard Zayas es cantautor, abogado, productor y ponceño hasta el tuétano. Eric Figueroa y Pedro Bermúdez son los arreglistas de su propuesta musical. Antes de subir al avión que lo trae a Perú, concedió esta entrevista.
El viernes 15 de abril de 1977 iba a ser histórico en la vida del ponceño Richard Zayas. Él era cantante de la orquesta Nuestra, agrupación que abriría el show a Eddie Palmieri, La Típica Novel y Mon Rivera. Para aquel año, Palmieri ya celebraba su segundo Grammy. Y el afiche de promoción así lo recalcaba.
Richard se alistó, llegó temprano y lo que vino luego fue para el asombro. El Springfield Symphony Hall, de Massachusetts, con capacidad para más de 2 mil personas, apenas había reunido a 200 asistentes y más de la mitad eran invitados. Eddie Palmieri evitó presentarse. El evento fue un fracaso. Incluso, los productores se liaron a golpes.
Lo inexplicable tiene su explicación. Según Zayas, la salsa en esa área aún no tenía un amplio poder de convocatoria. Eran otros tiempos. Lo cierto es que de Ponce a Massachusetts, él estaba siendo testigo de mil historias, más de una -con el tiempo- se convirtió en una inspiración.

Es que el destino es caprichoso. Él lo sabe. Y le recuerdo la historia de la canción que le iba entregar a Héctor Lavoe y que me la contó el año pasado. ¡Es cierto!, responde. Aquello ocurrió en la década del 80’. “Y todo ya estaba acordado con Nelson ‘El Pavo’, hermano de Héctor, y él le daría la canción, pero al final no se concretó. Incluso, Lavoe se quedó esperándome. Sin quererlo, me convertí en protagonista de ‘El Rey de la Puntualidad’. Llegué tarde”.
Con Richard la conversa puede extenderse por horas. Nos habla de sus inicios en Massachusetts con el maestro Gary Núñez, el recordado músico que más adelante le dio vida a Plena Libre. “Con el maestro trabajé en la orquesta La Facultad. Uno de los temas que siempre cantaba era ‘El jíbaro asimilao’, número de corte independentista, pero nosotros lo llevábamos por lo jocoso”.
También cita su amistad con el pianista Joe Vélez. “Fíjate que ahora él está explorando en el festejo, ritmo afroperuano”.
Es imprescindible hablar hoy de Willie Colón.
Es que no sé qué hubiera sido la salsa sin él. Algo más. Willie Colón es responsable de que yo me enamore de esta música, pues cuando entré a mis años de teenager en Puerto Rico yo oía rock and roll. No fue hasta que oí a Willie Colón -y Héctor- que yo entré a la escuela superior y me encontré con mis amigos del residencial Dr. Pila -Machuelito- para quienes Héctor era un orgullo. Ahí nació mi pasión por esta música y continúa hasta hoy.
En su opinión, ¿cuál fue el mayor aporte de Willie?
Te explico. Cuando las orquestas en Nueva York y otros lados estaban reciclando música cubana, Willie y Héctor estaban creando su propio sonido -urbano y de la calle- que nos hablaba directamente a los que en esa generación estábamos buscando música. Un amigo dice que Willie Colón, además de su música, es el productor más importante y más grande de la música salsa. Y yo estoy de acuerdo con él.
A propósito ¿qué canción le iba entregar a Héctor Lavoe?
El tema se llama ‘Enojada’ y lo incluí en mi álbum Imágenes de Humo, que salió el año pasado. Está bueno. Escúchalo.
De un tiempo a esta parte, las grandes figuras de la salsa están partiendo. ¿Qué me dice de Rafael Ithier?
La primera y única vez que tuve una conversación con Rafael Ithier le dije que él iba a pasar a la historia de Puerto Rico a la altura de Pedro Albizu Campos, nuestro líder independentista. Ithier se sonrió.
Imagino que se refería a la trayectoria de ambos, cada uno desde donde le tocó.
Exactamente. Yo miro la vida de los dos y aunque operaron en diferentes esferas sí hay muchas similitudes. Los dos salieron de una cuna humilde y con pocas o nulas probabilidades de llegar a donde llegaron. Sin embargo, los dos demostraron una disciplina especial, como decimos en el barrio “fuera de liga”.
Ithier formó su combo y creó un sonido o fórmula musical en la cual él creía. Con esa disciplina y tenacidad logró convertirse en parte del patrimonio cultural de Puerto Rico, Latinoamérica y del mundo. Ithier creó una institución que representa una herencia cultural que nos enorgullece y nos hace entender quiénes somos como pueblo.
Albizu, por su lado, se graduó de la Escuela de Leyes de Harvard, con honores, a principios del siglo 20, cuando el racismo y el clasismo estaban rampantes. La única explicación es una mente y una disciplina especial. Después se dedicó a luchar por la independencia de Puerto rico y, literalmente, dio la vida por ella. Encendió una llama en Puerto Rico y otros países que luchan por ser libres y dueños de su destino, que todavía no se apaga. Como dato por añadir, su esposa fue la peruana Laura Meneses.
Libertad, disciplina, sueños y escenarios complejos que no han estado alejados de momentos difíciles. En su caso, por ejemplo, ¿cuáles han sido?
Quizás un primer momento fue cuando decidí dejar mi Ponce, Puerto Rico para venirme a Estados Unidos. Mi intención era regresar después de un año, pero las cosas de la vida me hicieron quedarme.
En el tipo de profesión que yo estoy- y llevo 36 años en ella- he enfrentado y todavía enfrento situaciones difíciles, donde he tenido que tomar decisiones que han sido decisivas. Y a veces uno tiene remordimiento, pero al final como dice el dicho “de los cobardes no se ha escrito nada”.
En el aspecto personal nos pasan cosas y tenemos que tomar decisiones que nos duelen y nos afectan la vida, pero como decía mi amigo Ismael Rivera Jr. “Hay ondas penas que no se pueden contar”
Volvamos a la música. Usted tiene anécdotas con la Sonora Ponceña y, en especial, con Rubén Lamberty.
Rubén Lamberty y su familia vivían, como yo, en el barrio Cotto Laurel, en Ponce. En 1967, Rubén comenzó con la Sonora Ponceña como bandboy (encargado de los instrumentos). A inicios de los años 70’, los muchachos del barrio iban a ayudar a Rubén con sus labores en diferentes actividades. Y, claro, el premio era ver a la Sonora.
Como yo era menor de edad, comencé a ir los sábados por el día cuando ellos tocaban en la playa de Ponce y trasmitían por WPAB de 3 a 4 de la tarde. Tiempo después ingresé a los bailes de noche, en la guagua que guiaba don Quique Lucca. Ahí iba con Rubén, el bajista Tato Santaella y a veces el trompetista Carmelo Rivera, quien después fundó Impacto Crea.
¡Qué tal suerte, Richard!
La verdad que sí. Esa época fue maravillosa para mi formación como salsero, pues a temprana edad pude ver de cerca no solo a la Sonora Ponceña sino también a Ray Barreto, Ricardo Ray, Larry Harlow, Bobby Valentin, Nacho Sanabria y otras bandas.
Rubén cumplió en diciembre 58 años con la Sonora y sigue pa’ lante. Yo hablo con él por lo menos dos veces al mes y siempre lo veo cuando voy a Puerto Rico.
La música siempre le ha deparado sorpresas. Cuénteme cómo conoció al maestro Eric Figueroa, uno de los fundadores de Batacumbele y cómo así empezaron a trabajar juntos.
En 2019, un amigo mutuo, ya fallecido, quería producir un álbum de salsa y como él sabía que yo escribía canciones, me pidió una para que incluso yo la cantara en su producción. Yo le propuse mi tema La Cerveza y él me sugirió a Erick Figueroa para arreglarla. Él mismo se encargó de ponernos en contacto y ahí comenzamos la relación.
Después que Eric arregló La Cerveza la producción no se logró, pero Eric y yo decidimos que íbamos a hacer una producción con mis canciones. Como Eric estaba en Houston, invitamos a Eddie Montalvo y a Nelson Gazú en Nueva York. Ahí surgió el primer álbum: El Arte de Richard Zayas / Los Mutantes.
Por cierto, aunque ahora estoy trabajando en otra dirección, todavía el maestro Eric es parte integral de lo nuevo.
El álbum Imágenes de Humo que publicó en 2025 incluye una canción del mismo nombre cuya presencia del tres es notable
En ese número invité al gran Nelson González en el tres, pues yo quería darle ese sabor cubano a la canción. El arreglo es de Eric.
Pero, además de Imágenes de Humo, te recomiendo el tema el Ritmo Cubano, en el que yo expreso mi amor por el son y esos pioneros que mi padre trajo a mi vida. El son cubano fue mi base musical. Fue la primera música que yo oí de niño.
¿A qué artistas de la vieja guardia admira?
En el renglón de la salsa y sus raíces, yo crecí oyendo de Cuba a Miguel Matamoros y los sextetos pioneros. Por ejemplo, el Habanero, Boloña, Occidente. Y de Puerto Rico al Cuarteto Marcano, Davilita, el grupo de Pedro Flores y Rafael Hernández, Mi papá era un amante de esa música.
De niño admiraba a don Miguel Matamoros, María Teresa Vera, Lorenzo Hierrezuelo, Claudio Ferrer, Davilita y Piquito Marcano. Con mi hermano, que es un gran guitarrista, interpretamos la música de Matamoros; y en mi opinión, igual o mejor que cualquier otro.
En el ambiente netamente salsero, mis favoritos son Willie Colón y Héctor Lavoe, Ray Barretto, Lebron Brothers y TNT Band. Me declaro fanático de Ray Barretto.
Ahora que nos referimos a referentes musicales, noto que en su álbum Imágenes de Humo hay números con evidentes aires timberos.
Es importante recordar que el sello Fania trató de incorporar la timba a su sonido con Paulito FG. Creo que fue allá por los años 90’ con el álbum ‘Con la conciencia tranquila’. Esa fue mi introducción a la timba. A mí me gusta lo que yo llamo “timba lite” que es la combinación de los elementos de salsa dura con la timba. Eso yo lo veo en grupos como Manolito Simonet y su Trabuco, Maykel Blanco, Los Van Van y otros.
En mi nuevo trabajo, estoy combinando elementos de timba con el sonido de salsa dura.
Ahora, hay que reconocer que en Puerto Rico y Estados Unidos la timba no suena tanto debido a las limitaciones que existen por la relación con Cuba. Pero yo creo que a medida que más grupos incorporen elementos de timba en su salsa, se va establecer con firmeza la ”timba lite”.
Usted es promotor de un festival de rumba en su ciudad. ¿Quién le dio esa idea o cómo nace tal proyecto?
Esa es una idea de la cual me siento muy orgulloso. Todo empezó hace unos 20 años atrás cuando me integré al programa de radio que dirigía -y dirige- tu compatriota Gilberto Heredia en la emisora de la Universidad de Hartford. Lo acompañaba un gran historiador de la salsa, Mike Abreu, ya fallecido. Esa fue mi reconexión con mis raíces musicales después de años de estar inmerso en mi trabajo de abogado.
Fue en 1997 y 1998 que comenzamos con la idea de crear un festival para mantener la tradición de la rumba. El primer festival fue con Jimmy Bosch y Richie Flores, que también fue juez del concurso de rumberos.
¿Hasta la fecha qué artistas han pasado por el festival?
Este año será la edición 18 y tenemos el orgullo de haber contado con figuras como: Eddie Palmieri, Ismael Miranda, Richie Ray, Roberto Roena, Adalberto Santiago, Justo Betancourt, Tito Allen, José Alberto El Canario y Luis Perico Ortiz. Además, también han participado: Yolanda Rivera, Héctor Pichie Pérez, Eddie Montalvo, Don Pete Perignon, Papo Vázquez, Conjunto Libre y La Típica 73 . A ellos se les sumó grupos locales.
Actualmente, está promocionando el sencillo Linda Roque. ¿Ella existió?
Linda Roque existe, pero no como la describo en la canción. El nombre me llamó la atención en un contexto no musical. Cada vez que escuchaba o leía ese nombre me acordaba de Roque Cora, quien fue un cantante y director de orquesta en la parte sur de Puerto Rico. Él fue un gran guarachero y santero. Por eso, cuando oía Linda Roque me ponía a pensar en guaracha y baile hasta el punto que empecé a ponerle música al nombre. Algo más: yo no sabía quién era Linda Roque ni cómo era ella. En un momento dado la conocí, pero no se parece en nada a la canción.
El artista ponceño llega hoy a Perú. Lo acompaña su esposa Raquel. En Lima tiene varios amigos que lo esperan. Dicen que quiere visitar una peña criolla y nutrirse de la bohemia limeña. Algunos especulan que capaz canta un vals. Lo cierto es que con Richard Zayas, de vacaciones, cualquier cosa puede pasar.

